miércoles, 22 de febrero de 2012

II



Qué me queda colibrí

si no te posas sobre esta flor

Escóndete

petalmente

entre mis piernas


JD

jueves, 9 de febrero de 2012

La bonita



Yo no soy bonita, nunca lo he sido y creo que a estas alturas de mi vida nunca lo seré. No es para deprimirse claro, tengo muchos otros atributos. Además no se puede llegar a ser bonita, o se es o no se es bonita de nacimiento y punto. Yo conozco mujeres bonitas bonitas, incluso conozco ese tipo de bonitas de las cuales es imposible apartar la mirada y no tiene nada que ver con preferencias sexuales, creo que hay hombres y mujeres bellos que uno gusta de admirar, así como uno admira un amanecer o una flor hermosa, o una pintura cautivadora.

La belleza es agradable y nos deleita.

Tampoco es que yo odie a las “bonitas” creo que algunas personas son bonitas, otras son creativas, otras son interesantes, otras son habilidosas para una u otra cosa, ser bello es una característica mas en un ser humano, tampoco creo eso de que porque se es bonita no se tiene inteligencia, o al contrario, pues se de casos tanto de un lado como del otro que refutan esa teoría. La cuestión es, creo yo que muchas veces ser “bonitas” es lo único que algunas personas son y eso es triste, pues la belleza física, de acuerdo a los estándares establecidos va menguando con el tiempo y entonces el vacio se hace presente.

Hace poco conocí a una “bonita”, una mujer cuya categoría llamaré “bonita a la máxima potencia”, cuando alguien hablaba con ella no importaba realmente lo que decía, dejaba a hombres y mujeres embelesados y simplemente asentían a todas sus peticiones. Lo que me sorprendió de ella fue su alta capacidad de adaptación, su actitud de servicio para con el mundo y su rapidez mental, cosas que pocos veían, pues tras sus ojos verdes y su cuerpo escultural, ¿Qué le importaba al mundo que la chica supiera hablar francés? Era triste, ella se esmeraba en ser vista mas allá de su melena rubia y su piel blanca, pero era casi imposible, pude percatarme de la satisfacción que le causaba arreglar un problema por teléfono y como se asomaba una mirada triste cuando lograba lo mismo en persona y en la mitad del tiempo. ¿no quería ser vista? Claro que lo quería, pero creo que no era lo único que deseaba mostrar al mundo. Además, ser “bonita” le implicaba muchas otras cosas, no siempre agradables, para empezar estaba siempre defendiéndose, ya sea de mujeres envidiosas o de hombres atrevidos, no podía comerse un pastel de chocolate sin culpa y pese a todo era insegura, pues se esmeraba en demostrar siempre que no era sólo bonita.

En esos días en los que estuve cerca de “la bonita” recibi un hermoso ramo de rosas, obviamente el chico de las flores asumió, que era para “la bonita”, incluso mis compañeras de trabajo preguntaron sorprendidas ¿son para ti? No supe si sentirme halagada u ofendida, lo que noté es que la “bonita” se sentía incomoda, pues inmediatamente me explicó que no le gustaba que su novio le enviara flores y se lo tenia prohibido (cosa que a mi poco me importaba), yo por mi lado pensé: También las feas recibimos flores…


Creo además que se requieren muchas otras cosas para ser “bonita” algunas veces he intentado si no ser “bonita” al menos seguir las instrucciones para ser ese “tipo” de mujer, pero nunca llego siquiera al escalón número dos en esos menesteres, es decir, a mi nunca se me ha dado eso de andar vestida a la moda, detenerme dos horas frente al espejo arreglando mi cabello, (que dicho sea de paso es indomable), comprar los cosméticos adecuados a mi tono de piel y además aprender a usarlos y tener el tiempo de hacerlo, saberme la pose exacta para las fotos y los estilos, cortes, tipos de tela y etc etc que se “deben” usar para lograr determinados efectos…. a mi eso me parece complicado y eterno. Yo en cinco minutos puedo salir de mi casa sin ninguna complicación a casi cualquier lado. Quizá por eso un día alguien me dijo que no podía llevarme con mis pantalones rotos a conocer a sus amigos. Me sentí sumamente enojada y fea, pero después un sentimiento de supervivencia me hizo recuperarme rápidamente y pensé que las convenciones sociales se imponen ante algunas personas, tanto, que aunque les caigas bien, necesitas para ellos cumplir con ciertos estándares. Afortunadamente a mi, los moldes nunca me quedan, asi que me valen madre.

“La bonita” desapareció un día de la oficina, dejando a varios caballeros tristes y a varias féminas más tranquilas. Nadie ha mencionado a donde o porque… es como si no hubiese existido… lo cual es también, bastante triste.

JD

lunes, 30 de enero de 2012

TICUS



Ahoy mismo voy a contarles como es que me encuentro sentada en esta silla, creo que Juan Carlos Reyes me invitó porque me vio muy aguililla y es que una en estos tiempos no puede quedarse asi amonada viendo la vida pasar porque se corre el riesgo de quedarse arrejolada como trasto viejo y como tampoco va a andar una de cólera, y es que aunque no lo crean hay cada cacaseca que ni un vasito de tuba le brindan a una.
En fin, la cosa es que por lo menos hay que conseguirse una coyota para mantenerse, pero cambiemos de tema, no quisiera que pensaran que ando yo de pachita o que los quiero embelecar con esta historia y no es que sea perrucha ni mucho menos, pero entimadamente el me invito y punto.
Llegué a Colima una hermosa madrugada del mes de julio, por amor claro, uno definitivamente llega a Colima siempre por amor, ¿hay algotracosa por la que uno llegue aquí? Definitivamente no. Gané para Colima nomas porque me enchicuilé, cargué mi petaquita con mis tatachis y sin que me importara la relajada que me puso mi madre, llegué arrastrada de ilusiones y me quedé en esta tierra fértil en donde las ramas de los árboles se convierten en raíces. A mi ya me han crecido raíces de los brazos. Dice Chavela Vargas que “uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amó la vida”. Yo lo creo, a ella le creo casi todo, incluso cuando dijo que “Colima es el mejor estado” seguramente ella amó aquí la vida, tanto como yo lo hago. Pero además de eso me gustan sus calles, sus días lluviosos, sus parotas y sus camellones llenos de mangos, limones, guayabas y otras frutas que realmente se caen de los árboles regalándose a la gente. Aprendí a conocer Colima subiendo y bajando calles, echándome un almuerzo de arriero mientras corría de un lado a otro por sus calles empedradas, calmándome la sed con tejuino y agua de coco y conviviendo con las besuconas, las iguanas y los esquilines y aunque todavía no tengo saca en las tiendas importantes, mas o menos ya me siento parte de la ciudadanía.

Al principio no fue todo tan fácil, hay que ser cuidadosa aquí, con lo que se dice y se hace, dicen que “si no quieres que se sepa, ni lo pienses” y no es que yo este tumbada del burro, pero hay ca gente dañera ….que anda nomas pachiteando, que si pura zanduga, que si anda rabuleca, que nomas anda chingaleando, pero no hay que juzgar así a la ligera, ni que una viniera a ruñir, para que armar tanta borunda….. En realidad de lo único que se tiene que cuidar uno aquí es de la guzguera, ¿pero es que quien se resiste a las bolitas de color, los besos, el alfajor, la fruta enmielada, la cuala, los colados, o los espejos acompañados de un aromático café de Comala con su chínguere de ponche, tan rico tan rico que hasta las papayitas se come uno. Y ya ni hablemos de chilayo, las pacholas, el pico de gallo, los tamales de ceniza y el tatemado. CHINTOLO….
Ahorita ando muy enguasada, pero claro que ando pensado en buscarme un buen amor colimense, quedarme para siempre y ver a mis hijos jugando changay y bebeleche, peleando sus caicos y canicas, y haciendo las dagas que hacen los niños, busco sin mucha jupia claro, no vaya a ser que me enamore del primer garrolero guandajon que me regale unas dormilonas, nada mas de pensarlo me da armonía. Quiero convertirme en una viejana bonita, de esas que van a ver a la virgen cada 12 de diciembre a catedral, que cuidan sus matas con cariño, que curan con jumentos milagrosos y espantan a los niños con el ticuruz o el petaquero, dominando la vida desde el pretil de la cocina.
Por lo pronto ya se, que me amarro los cabetes, no las agujetas, escribo con una lapicera, no con un bolígrafo, uso ponchos, no cobijas, cuando duermo a media tarde me echo la jesta, si se derrama un líquido se charpea el piso y ya puedo pedir con facilidad pozole seco, sopes gordos y sopitos con mucho jugo.
Cuando comencé a leer TICUS descubrí gratamente no solo muchas palabras sino también me ayudo a conocer y reconocer los usos y costumbres de este estado, y en definitiva considero que sería bueno que al cruzar el limite estatal se nos hiciera llegar un ejemplar a todos los fuereños, asi no cometeríamos tantas nangueras mientras descubrimos esta tierra.. Ticus es un libro que hay que leer y releer, hay que descubrirlo y descubrirse en el, considero que es el resultado no solo de una profunda investigación sino también del profundo cariño y respeto por estos 5 627 km cuadrados que llamamos Colima.




JD

lunes, 23 de enero de 2012

Y cuando desperté Horacio estaba ahí




Horacio es mi automóvil, le puse así en honor a Rayuela, un poco porque el nombre me gustaba y un poco mas porque quise sentirme “La maga”, aunque Horacio no habla, ni escribe poesía, ni conoce Buenos Aires. Horacio me ha acompañado a muchos lados, ha sido el testigo, a veces no tan grato, de muchas de mis aventuras. Vino conmigo a Colima y me acompañó cargado de libros, dos o tres pares de zapatos y muchas esperanzas a esta ciudad verde y llena de parotas; cuando a mí se me rompió el corazón, a él se le descompuso el motor y entonces tuvimos que separarnos, yo fui al terapeuta y el al mecánico, después de un lapso apropiado nos reencontramos y seguimos el camino como si nada hubiera pasado, aunque yo tenía dos o tres heridas y el dos o tres remiendos con silicón que le han servido un poco o un mucho para seguir rodando.

En diciembre pasado Horacio volvió a enfermar, yo también volví a enfermar, a veces creo que los objetos y yo tenemos alguna conexión porque nos sucede casi lo mismo. Lo mío fue un lunes, lo recuerdo muy bien, después de llorar toda la noche y pretender subirme a la vida como todos los días, la tarde del lunes de desplomé sobre el asfalto sin fuerzas de nada: tuvieron que levantarme del piso. A Horacio le sucedió al día siguiente, quise que caminara hacia atrás y el no lo permitió, solamente quería ir hacia adelante, cuando insistí, patinó sus llantas y no quiso moverse más, creo que fue una forma de decirme: “No vamos a regresar al pasado, al menos yo no, si tu quieres allá tu”. Fue tanta mi insistencia que Horacio tuvo que regresar al mecánico y yo sigo haciendo equilibrio para no caerme. El mecánico dice que lo mejor sería deshacerme de Horacio, que busque otro carro, algo más pequeño y algo menos complicado, sin embargo yo tengo cierto apego con el y me parece difícil decirle así, de un día para otro, que saldrá de mi vida. Quizá como dice el terapeuta, el verdadero problema es otro.

Supongo que ahora que regresó Horacio seguiremos el camino hasta el próximo bache, como lo hicimos en diciembre pasado, como lo hicimos cuando llegamos a la ciudad de las parotas, incluso cuando un viernes santo saliendo de misa Horacio había sido agredido y perdió uno de sus cristales.

JD

domingo, 8 de enero de 2012

2012



2012
Como dice la canción: “ y vamos abriendo puertas y vamos cerrando heridas”, ya nos llegó el 2012... Esta vez yo me senté frente al mar preparándome para su llegada... pero también me di la oportunidad de despedirme del 2011 con todo el respeto que se merecía, porque al final de todo, solo podía decirle gracias por darme cada día de los doce meses, por enseñarme tanto, por hacerme feliz, por darme en la madre, por venir, quedarse e irse como los buenos amores, así, sin prisas ni aspavientos.... Adiós 2011....
Hoy ya estamos en enero y hay que subirse al 12 con muchas fuerzas y energías, porque parece que estos primeros días no han sido caminados, sino volados.... yo, entre deshacer maletas, avisarle a Samir que ya llegué tratar de que Horacio entienda que lo mas importante en la vida no son sus balatas, buscar una agenda que me guste, ordenar mi casa, dejar un trabajo y empezar con otro, acordarme de los pendientes de los pendientes, preocuparme por la dieta, tratar de entender mi nuevo corte de cabello, seguir estudiando deontología y preparar el cambio de tesis, no me ha sido posible dormir una noche completa en la tranquilidad de mi hogar, porque claro, también esta esa otra parte que no se cuenta, la interna, la intensa, la real...
Dicen que uno termina el año como lo empieza.... yo me despedí del 2011 en la carretera y le di la bienvenida al 2012 en el mismo lugar ¿que significará eso? No sé, lo que si se es que este año será muy bueno.... En realidad, cualquier día, cualquier instante (cualquier suspiro, dice ella) es un inicio, una nueva oportunidad, pero el 1 de enero lo usamos tradicionalmente como punto de partida ....
Este año yo no comí uvas, ni corrí con las maletas, ni use ropa interior roja... este fin de año me senté frente al mar el tiempo que me fue necesario para escribir, para leer, para tomar café, para soltar la cuerda que seguía manteniendo dos o tres de mis veleros, para abrir los brazos y recibir la brisa de la vida y la energía del sol, para recoger caracoles y conchitas, para soltarte al mar con la seguridad de que si regresas vendrás desde otro océano y si no lo haces será porque encontraste un muelle... Tuve también que ir al campo, para acordarme de que la vida es fértil, que cambia, que es estacional, que pajaritos y flores no siempre adornan los paisajes y no por eso se está muerto, que hay algo adentro de la corteza de los árboles más fuerte que sus ramas, que se germina vida siempre, que siempre se late desde las entrañas...

Bienvenido seas 2012… a ver cómo nos va…. aviéntame los días… que tengo ganas de vivir!


JD

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Llorarte es bueno



Ya he llorado

hasta sentirme viva

Me he comido de dolor

hasta los dientes

Llorarte, sí

pero lamiendo el mundo

Amarte, sí

y llorar de amor por eso

Llorar sin religión

sobre una biblia de lágrimas

He pensado demasiado

en lo que te falta

y me sobra

Lloro sin querer,

como si hubiesen motivos

De cabeza,

tengo perlas en la frente

Llorarte entre la gente,

hacerlo a solas

como un cuervo viudo

disecado

Hacer el Kamasutra

de los llantos

sobre una balsa de sollozos

encallados

Llorarte en rebelión,

en sumisión,

en bolas,

como en la maratón

del desamparo

Me río

y llueven recuerdos

de mis ojos

Tú lloras

como un porrito abandonado

Me hace llorar el humo

pero prefiero fumarte

Fumarte

mientras lloro un cigarrillo

Reír es mejor

reír contigo

pero si no hay remedio

lloremos juntos.

Sabeli Ceballos Franco

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tengo miedo



Tengo miedo de seguir caminando y que de plano un día no me alcances.
Volver la mirada, no encontrar tus ojos.
Correr sin rumbo hasta cansarme.
Tener ganas de beber agua.
Sentir una boca.
Perderme, para ver si me encuentras y me detienes y me das agua de tus labios.
Llorar. Dar brincos.
Subirse a la escalera, bajarse de las nubes. De golpe. Sin miedo.
A brazos abiertos, que no necesitas.
Dar pequeños saltos, para elevarme un segundo y ser etérea.
Como bajo tus manos. Y no extrañarte.
JD

miércoles, 26 de octubre de 2011

ROMANZA DEL AMOR RARO




Ella huye de mis manos mariposa nocturna
aletea desnuda al borde del sillón.
Ella nunca fue mía
antes fue de su madre y sus amigas
antes fue de la patria y esas lejanas tierras exquisitas.
Inventó otros amores fue feliz
compartiendo el rumor pausado de otras lenguas
y ciertas explosiones en la mañana bélica.
Entonces tampoco ella era mía
era de la aventura cercana de la muerte
y de otras aventuras más cercanas.
Ella nunca fue mía y sin embargo
quizás nadie fue mía como ella
ni yo tuve insistencia más rara que su amor.
Porque arqueaba su espalda y yo resplandecía
me tragaba su lengua dentelleaba.
En las tardes ardientes aún sueño nuestros cuerpos
el humo del cigarro
el rocío final
y entonces sé que ella fue mía a su manera
y eso basta.

ODETTE ALONSO YODÚ
(Santiago de Cuba, 1964)

jueves, 6 de octubre de 2011

El amor no existe...tu si






Entre un centenar de personas unos ojos buscan otros ojos y cuando hacen contacto, las otras noventa y nueve personas desaparecen.

En el cine una cabeza busca un hombro y durante ese segundo tiene la certeza de que no hay mejor lugar en el mundo.

Una mano dormida, busca a otra mano dormida aunque las dos duerman su propio sueño.

Un gesto, una mueca, un ademán, característico y único en el otro, se convierten en el detonante automático de una sonrisa propia.

El mejor tratamiento y la mejor medicina, es saber que su mano, sus ojos y su silencio te acompañan mientras tu dormitas.

Una noche de navidad o un cumpleaños no existen sin un abrazo y una voz en específico.

Unos dedos que se enredan en el cabello, son el mejor somnifero para la noche de los miedos.

...si el amor se acaba, o cambia, o se cansa, no importa, porque existes en el instante en el que tu orgasmo se derrama sobre mi vientre y son mis brazos los que te regresan a la superficie de la vida...

JD

lunes, 5 de septiembre de 2011

Tomo café...



Tu recuerdo o mi añoranza de ti, es temporal. Cada dia me llueves unas horas. a eso de las seis de la tarde caes sobre mis hombros en gotas, resbalas tibiamente o me golpeas la cara. A veces abro la boca y me trago alguna tarde a tu lado, o un café, o un suspiro, gotas de ti....

JD

sábado, 9 de julio de 2011

Regreso



Dice Chavela Vargas que “uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amo la vida”. Yo lo creo, a ella le creo casi todo, incluso aquello de que “Colima es el mejor estado” seguramente ella amo aquí la vida, yo también lo hice. Pero además de eso me gustan sus calles, sus días lluviosos, sus parotas y sus camellones llenos de mangos, limones, guayabas y otras frutas que realmente se caen de los árboles regalándose a la gente. Me pregunto entonces ¿yo a donde regreso? A todos lados y a ninguno. Como Isabel Allende, creo yo, que tengo mi país inventado, ese que llevo en el alma, en el vientre, entre los huesos, ese que construyo de nostalgias y recuerdos, de tus ojos a través de la gente, de un atardecer sobre la arena, de la canción de lleva sus manos de paloma escondidas, del poema que leí desnuda sobre un hombro, del olor del cabello de mi madre, del sonido de mis pasos en una central de autobuses, del aroma del incienso, del silencio de mi casa, de una boca, de una piel, de una espalda, del sonido del mar, de la textura que deja en los labios un trago de vino tinto. Regreso a esas pequeñas cosas entonces, esas en las que amo la vida, cosas comunes y simples, únicas. A esas que son intemporales, inubicables.
Yo por eso amo la vida siempre, incluso los lunes…

JD

sábado, 2 de julio de 2011

AMIGAS




Tenia quince años y tenia una amiga. Fue la persona mas constante en mi vida. Fuimos amigas. Nos queríamos por la simple razón de existir y porque ambas éramos extrañas y nadie más nos aguantaba. Hacíamos cosas simples y como todas las quinceañeras pensábamos que eran importantes. Leíamos poesía y escuchábamos música, íbamos a bailar y veíamos películas. Nos contábamos los planes y las dudas. Resolvíamos problemas de matemáticas y problemas de amor, nos acompañamos un tramo en el camino de la vida. Después crecimos y cada quien tomó su rumbo, sin embargo aun recuerdo aquellos días con un buen sabor de boca. Hoy, que ya no tengo quince años y que mis problemas a resolver van más allá de una ecuación matemática, se que las amigas son imprescindibles. Yo no tengo muchas, pero las que tengo valen por mil, son mis compañeras de lucha, mi apoyo constante, los referentes femeninos que me impulsan a seguir. Mis amigas son simples, no han ganado premios internacionales, ni son famosas, ni millonarias, pero son únicas, son fuertes, son inteligentes y bellas en mas de algún sentido, pero sobre todo son parte de mi tribu, comparten conmigo la marca de la hembra. Mis amigas no son buenas, ni malas, mis amigas son. Y se enfrentan con la misma fuerza a domar su cabello a las 8 de la mañana que a las pataletas de un niño de 3 años que no quiere ponerse los zapatos. Tienen la paciencia para escuchar las historias de siempre y la impaciencia de levantar el teléfono e invitar al amor a su casa. Se sienten igual de bellas en un vestido de noche que en la pijama un domingo a las 10 de la mañana y pueden hacer que una lonchera se convierta en el cofre de un pirata y que una llamada a kilómetros de distancia se convierta en el abrazo mas fuerte. Mis amigas rien, lloran, se caen y se levantan, son mujeres de carne y hueso que sienten desde y con el vientre, la cabeza y el corazón. No siempre estamos de acuerdo, pero siempre estamos, nos tendemos una mano, un par de zapatos y un consejo. Mis amigas no juzgan, no indagan, no exigen. Mis amigas se enfrentan con los dos pies a la vida y con las dos manos al amor. Hoy brindo por ellas, por las mujeres que me acompañan, por quienes me saben y me quieren, por el respeto mutuo, por la risa compartida, pero sobretodo por el privilegio que tengo de ser su amiga.
JD

miércoles, 29 de junio de 2011

Travesia



Tuve que cruzar ese puente llena de miedo, ponerme el uniforme, escaparme al mar, lejos, ahí no podía encontrarte, anclarme en un puerto, besar dos o tres espaldas, buscarte sin saberlo, enamorarme y romperme el corazón, juntar los pedacitos, usar resistol para unirlo, echarle dos o tres puntadas a las orillas para que lo encontraras mas o menos en forma y no te espantaras tanto.
Tuve que aprender a ser paciente, a cocinar al menos un platillo con el cual sorprenderte, dos canciones cursis para cuando fuese necesario y algunas otras mañas de supervivencia. Anduve sobre la tierra, sobre el asfalto y también sobre las nubes. Vencí mi miedo a la oscuridad y a las arañas, a perderme en la bruma de mis pensamientos, a olvidarte. Leí algunos libros para serte interesante, vi algunas películas, algunas obras de teatro, fui a tres conciertos. Domé a varios de mis demonios, cambié mis malos hábitos, aprendí a peinarme.
En pocas palabras trabajé como una loca para ser lo suficiente para ti. Pero un día mientras te esperaba, alguien me sonrió y me dijo que era linda, así como soy y todo fue distinto.
JD

jueves, 2 de junio de 2011

Mordaz

Es agravio tocar a Violeta.
Tender un puente. Comunicarse.
Valdria más cerrar los ojos, quedarse con las ganas.
No construir un camino de ida y vuelta, de una a otra orilla, de su piel a la mia, de sus ojos a mis ganas.
Tender un puente es saberse el camino de regreso.
Y al amor... debe caminarse como ciego: sin salvedades.
Irse agarrando temeroso es un acto de corbardes.
Por eso tocar a Violeta es un acto mordaz, un acto suicida, pero es esa, la única manera de amarla, de amarse.
Sólo asi es posible tocar en realidad sus ganas, es decir, la otra orilla.
JD

martes, 17 de mayo de 2011

17 de mayo



Hoy es el día en el que se celebra que la homosexualidad no es una enfermedad mental. ¿Festejamos?



Yo diría mejor que digamos no a las etiquetas, yo soy yo y eso ya es mucho como para ponerse o no un sombrero....


Aqui les dejo este texto que me encontré por ahi...




Yo soy
Yo soy el niño que nunca terminó la secundaria, porque me llamaban todos los días MARICA.

Yo soy el niño atado a una valla, igual a una pulpa sanguinolenta y que dejan morir, ya que dos hombres heterosexuales querían "darme una lección".

Yo soy la chica expulsada de su casa porque le confié a mi madre que soy lesbiana.

Soy la prostituta trabajando en las calles porque nadie quiere contratar a una mujer transexual.

Yo soy la hermana que sostiene a su hermano gay a través del doloroso proceso, lleno de lágrimas en las noches.

Somos los padres que enterraron a su hija mucho antes de su tiempo.

Yo soy el hombre que murió solo en el hospital porque no dejaba entrar a mi pareja de veintisiete años en la habitación.

Yo soy el hijo en adopción que se despierta con las pesadillas de ser quitado de las dos madres que son la única familia amorosa que he tenido. Me gustaría que me pudieran adoptar.

Yo soy uno de los afortunados, supongo. He sobrevivido al ataque que me dejó en coma durante tres semanas, y en otro año probablemente seré capaz de volver a caminar.

Yo no soy uno de los afortunados. Me maté unas semanas antes de graduarse de secundaria. Era simplemente demasiado que soportar.

Somos la pareja que tenía el agente de bienes raíces que nos colgó el teléfono cuando se enteró que queríamos alquilar un dormitorio para dos hombres.

Yo soy la persona que nunca sabe qué baño debo usar si quiero evitar que el gerente me despida.

Yo soy la madre que no se le permite incluso visitar a los niños que pario, los cuido, y crió. El tribunal dice que soy una madre inepta porque ahora vivo con otra mujer.

Yo soy la sobreviviente de violencia doméstica que encontró el sistema de apoyo, que de pronto se mostro frío y distante cuando se enteraron que mi pareja abusiva es también una mujer.

Yo soy el sobreviviente de violencia doméstica que no tiene sistema de apoyo a su vez porque soy hombre.

Yo soy el padre que nunca ha abrazado a su hijo porque crecí con miedo de mostrar afecto a otros hombres.

Yo soy la profesora de economía doméstica que siempre quiso enseñar gimnasia hasta que alguien me dijo que sólo las lesbianas hacen eso.

Yo soy el hombre que murió cuando la ambulancia detuvo el tratamiento tan pronto como se dieron cuenta de que era un transexual.

Yo soy la persona que se siente culpable porque creo que podría ser una persona mucho mejor si no siempre tengo que tratar con la sociedad que me odia.

Yo soy el hombre que dejó de asistir a la iglesia, no porque yo no creo, pero debido a que cerraron sus puertas a los de mi clase.

Yo soy la persona que tiene que ocultar lo que este mundo necesita más amor.

Yo soy la persona que tiene miedo de decirle a sus padres cristianos que ama a otro hombre.

Yo soy la chica que ama a su mejor amiga, pero tiene miedo de hacerle saber.
Yo soy la que tiene vergüenza de decirle a mis amigos que soy lesbiana, porque constantemente se burlan de ellas.
Yo soy la bisexual que tiene miedo a salir del armario por que sus padres no aceptarían a otro miembro gay de la familia.

El amor no debe ser restringido por nada, y menos aún por, edad, religión, raza o género. Si tienes la suerte de encontrar el amor ¿por qué dejar estas cosas interfieran en el camino? Las personas que son homofóbicas sólo tienen miedo de las cosas que son diferentes

lunes, 16 de mayo de 2011

La enrosada



A los muertos se les respeta, aun más que a los vivos, finalmente ellos ya no tienen mucho para defenderse. Los mexicanos tenemos una relación complicada con la muerte, la veneramos, la lloramos, la respetamos y le hacemos fiesta. Juventino Rosas, es uno de los cuarenta y seis municipios de Guanajuato. Santa Cruz de Juventino Rosas es la cabecera municipal de ciento cincuenta y ocho localidades, en su mayoría agrícolas y ganaderas. La gente “baja” cada domingo a misa, a comprar cosas en el mercado: frutas, verduras, macetas de cerámica, cuerdas para la charrería, fuetes y cuartas para amansar a los caballos, los hombres compran vestidos bordados para sus mujeres y ellas con un beso añadido les piden servilletas para bordar, hilos de colores y si es posible unos nuevos zapatos para ir a misa. Al pequeño pueblo lo rodean San Miguel de Allende, Villagrán, Comonfort y Celaya. Y aunque no tenga las grandes construcciones barrocas y las calles empedradas, esconde celosamente arroyos y presas que se convierten en refugio de niños en verano y amores escondidos por las noches, pero sobretodo es un pueblo orgulloso de su música, el famoso vals “Sobre las olas” fue creado por uno de los hijos pródigos del pueblo.
En Juventino Rosas el día de muertos se celebra el 2 de noviembre como en todo México, pero aquí empieza la fiesta empieza con la ceremonia de “la enrosada” una noche antes. Mi madre y yo vamos a participar de esta ceremonia, por eso me pide que me vista de negro y que no me preocupe “los muertos no van a hacernos nada- me dice- nosotras vamos a rezar por ellos”. Antes de irnos al cementerio tenemos que pasar por el mercado, compramos siete velas de cebo en el puesto de Doña Esther y un ramo de rosas con Don Tino, que vende más barato que doña Trini, dice mi madre. Llegamos a la iglesia de la Santa Cruz, una hermosa construcción de cantera rosa, que tiene una fuente y una cruz que a esta hora ya están adornadas con flores. A las siete de la noche, empieza la misa, todo el pueblo está reunido y escuchamos las palabras del sacerdote en silencio, con la cabeza agachada y los recuerdos de nuestros muertos a flor de piel. Nos habla de la resignación a la muerte, del perdón y de la prometida vida eterna.




Ahora inicia la caminata.




La noche ha caído, el ambiente se impregna de olor a incienso y flores y del aroma del dolor, la pena y el luto que nos ha caído a todos, aunque algunos como yo, no tengamos algún muerto que llorar en estas tumbas. Salimos de la iglesia guiados por el padre. Sólo nos ilumina la luna y la temblorosa flama del cirio que el padre lleva en sus manos. Los cantos son tristes, se escucha el murmullo de los rezos, de las lágrimas tragadas y los silencios forzados. Nos detenemos en medio de las tumbas, el padre inicia un salmo responsorial y todos contestamos al unísono. Encendemos nuestras velas y seguimos caminando, despacio, como si los pecados de todos nos pesaran al mismo tiempo, la noche crea un escenario lúgubre, yo tengo miedo, el olor empieza a marearme y está demasiado oscuro, pero mi madre me toma de la mano me guía por entre los pequeños pasillos, me explica que debo elegir siete tumbas, las que yo quiera, las que sienta que necesitan una luz. Levanto la vista para leer las lápidas, nombres y fechas se agolpan en mi cabeza “Luis Gómez, amado padre, Filomena Pérez, amoroso recuerdo de su sus hijos”, yo elijo tumbas lastimadas, abandonadas, aquellas a las que el tiempo les ha roto el concreto, aquellas con las cruces desvencijadas, aquellas que no tienen flores y coloco apachurrando con los dedos las base de una de las siete velas que tiemblan en mis manos. Dejo una de las flores y sigo buscando. A lo lejos sombras negras se detienen en las tumbas, pequeñas luces son depositadas. Cada una de las personas que estamos aquí debemos elegir siete tumbas distintas, dejar una flor, una vela, pedir por su alma. Damos una ofrenda, esperando que algún día algún día ponga sobre nuestra tumba una luz, una rosa.
JD




lunes, 9 de mayo de 2011

Mamá



Mi madre no es sólo mi madre, también lo es de mi hermana y es para cada una de nosotras una persona totalmente distinta, pero más que eso mi madre es una mujer, que vive, siente y entiende desde su propia esquina. Mi madre no es mi amiga es mucho más que eso: es mi mamá, por eso es mi primer referente femenino, mi apoyo incondicional, el rezo más fuerte, el abrazo más reconfortante, mi cómplice, mi porra más animada, el regaño más sentido, las palabras más fuertes, pero sobre todo, las alas más grandes. Ella me ha dejado ser (lo que sea que soy) aún a pesar y en contra de ella, me ha dejado caer y me ha dado razones para levantarme, me ha dado su opinión sin interferir en mis decisiones, me ha visto llorar hasta desgañitarme sin jamás decirme “te lo dije”, ella entiende que tengo que ir por la vida con mis propios pasos, por eso entiendo que me ama no solo porque soy su hija (eso puede hacerlo cualquiera), sino por la mujer en que me he convertido, me respeta y eso hace mas fuerte nuestro vínculo. Hemos pasado juntas muchas cosas, me enseñó a usar los cubiertos correctamente, a no llorar en la puerta del jardín de niños, a decir con permiso, por favor y gracias, a atarme las cuerdas de los zapatos, a entrar a una fiesta infantil sola, a pedir un corte de cabello en la estética, a andar en tacones altos, a rechazar un ramo de flores, a hacerme cargo de mi misma, a pedir disculpas, pero sobretodo a ser quien soy. Gracias ma!!!
Te amo.
Atentamente: Mafalda, arañita, bananita, Jus, osea yo….

sábado, 7 de mayo de 2011

Escribo por necesidad...




...algo tiene uno que hacer con los dedos, si no es posible que toquen tu piel...
JD

lunes, 2 de mayo de 2011

Sin brújula



Dice Esther Seligson que " a la intemperie sólo estrellas no existen brújulas" yo digo que quiza por eso nos perdimos, porque nos besábamos con los ojos cerrados, a manos abiertas y nos hundíamos en las bocas...sin brújula...



JD

martes, 26 de abril de 2011

Miau



Ser un gato abandonado es demasiado doloroso.
Pues aún me quedan cinco vidas para extrañarte y sufrir tu ausencia.
Qué bueno que te conocí hace dos y no la noche en que conocí a mis cuatro hermanos.
JD

jueves, 31 de marzo de 2011

Kadin


Tengo una maquina de morder cosas en mi casa. Zapatos, ropa, sillas, todo le es interesante. Pero respeta los libros y las plantas. A veces se me queda mirando mientras escribo, me avienta un ruido que no alcanza a ser ladrido y al ver mi negativa de subirlo a mis piernas, suspira y se tira panza al piso. A cambio de eso le leo en voz alta, creo que le gusta, se acurruca conmigo y se queda quieto como si entendiera los versos, cuando son tristes y se me quiebra la voz, levanta la cabeza como dándome ánimos y vuelve a acurrucarse. Me acompaña. Hacemos varias cosas juntos, el domingo por ejemplo, fuimos al parque, aún le tiene miedo a todo, a la gente y a las motocicletas, como yo, pero compramos una nieve de vainilla que nos hizo más llevadero el paseo y volvimos a casa con la satisfacción enorme de salir al mundo, de alejarnos de estas cuatro paredes que nos protegen y nos aíslan. Kadin tiene la nariz fría y desconfía de los escalones, a veces se queda atorado con dos patas en un nivel y dos patas en otro, llora y se queja, luego agarra valor y sigue, por eso creo que se parece a mi, yo a veces también me atoro y chillo y grito y alguna fuerza me impulsa a seguir, el tiene tres meses y yo treinta años, pero somos amigos y nos entendemos bien. Me gusta saberlo en casa, supongo que a el también, porque cuando me ausento, me perdona la lejanía, me recibe brincando y volvemos a empezar.

JD

jueves, 17 de marzo de 2011

Amanecí triste

Amanecí triste… Por eso me escondo, por eso me muevo despacio y me busco frente al espejo, pero no estoy ahí. Sólo veo dos ojos, una boca, las arrugas y el nacimiento del cabello, pero yo no estoy. Amanecí en cámara lenta, me subí al día porque tenía que hacerlo y tomé café, me puse a pensar en lo que sucede afuera, en la vida que no alcanzo a tocar ni aunque me pare de puntitas, después por supuesto me puse a pensar en tus besos, en las extrañas ganas con las que amanecí hoy de tener un hombro para acurrucarme o cinco dedos que se enreden en mi cabello. Debe ser porque amanecí triste, azulada, si no fuese así no pensaría estas cosas, es decir no tendría porque andarme escondiendo bajo las cobijas, cerrando los ojos para que desaparezca todo o quizá para ver si encuentro algo mejor que el techo blanco. Pero no es mala la tristeza, sólo es otro estado emocional y hace mucho que dejé de luchar con los míos, la tristeza en específico es como una amiga callada, me mira desde el otro lado de la habitación, me clava sus ojos llorosos y me avienta una mueca como diciendo “Ya llegué”, se me pega como sombra y ahí andamos todo el día, acuosas, calladas, abrazadas a la almohada y a los recuerdos, nostalgiándonos descoloridas. A veces siento que la tristeza me besa la frente a modo de despedida, su boca fría en mi piel parece decirme: “Nos vemos pronto” y entonces cae un silencio lento sobre mi cabeza y una calidez me recorre la piel. Y vuelvo a empezar, otra vez en mi aparece el mundo, la gente, los helados de vainilla, los zapatos de tacón y las estrellas.

Pero hoy amanecí triste…
JD

martes, 15 de marzo de 2011

Lloremos

Puede suceder frente a la pantalla de televisión, otras veces en la oscuridad del cine, quizá caminando mientras llueve o tal vez mientras discutimos por las cosas más estúpidas (como si discutiéramos por cosas importantes, jajajaja). Así sin más ni mas, las lágrimas se me escapan de los ojos sin que pueda detenerlas. Me pregunto porque lloramos, porque cuando una emoción se desborda, gotas de agua nos brincan de los ojos. A veces me dan temporadas lagrimales, como una temporada de lluvias personal, por ejemplo puedo llorar en una boda, justo en el “Acepto”, o también cuando veo una escena tierna, o cuando mi madre me dice que me quiere, supongo que uso esas emociones externas para expiar las mías. Por cobarde claro. Seguramente muchas veces lloramos por las cosas de adentro, esas que no entendemos, que ni siquiera conocemos, pero que están ahí, enterradas, bajo un candado con mil llaves y entonces, cuando alguien se va, cuando alguien regresa y es políticamente correcto llorar, aprovechamos, pero no lloramos por el “otro” lloramos por nosotros mismos. Quizá por eso tú te enojabas cuando yo lloraba y me decías ¿Por qué lloras? y yo te decía “No se”. Era verdad, no lo sabía, supongo que no lloraba por un nosotros, sino por un yo que se estaba desvaneciendo, que se iba enfrentando con algo doloroso, con otra despedida, con otra ausencia, lloraba por mi, por que algún “crack” se había hecho presente otra vez. Al final creo, que lloramos porque es necesario, porque las emociones buenas o malas no tienen muchas opciones para manifestarse, lloramos para liberarnos, para recuperarnos, porque somos un rio contenido. Yo a veces lloro por nada, porque tengo ganas y me pongo a leer poesía, o veo una película triste triste para tener el pretexto necesario y llorarme o llorarte, según sea el caso. A veces lloro de emoción, de nervios, de coraje, a veces es solo la conciencia de estar viva la que me desborda y entonces después del limbo del orgasmo una gotita se me escurre por la mejilla, porque estoy viva, porque siento y estoy aquí regresando de la muerte que solo sucede volando entre otros brazos. Lloremos.
JD

lunes, 14 de marzo de 2011

La hora del café

Supe que lo de “nosotros” iba en serio cuando me trajo la taza de café con dos de azúcar y poca crema. Esa simple receta única y personal sabida por el “otro” es la evidencia perfecta de una complicidad entre dos. Tomar café siempre ha sido un buen pretexto para muchas cosas: para estar sólo, para hablar con otro, para descubrirnos, para dejar de soñar. El aroma, el color y la textura del café nos seduce, nos da un espacio único que invita al disfrute, a la plática, a la confidencia. El café produce una magia que no sucede con el vino, con el agua, con la taza de té. Es una bebida única, amarga y pasional, quizá por eso no nos sorprende que Ernest Descals plasme en varias de sus obras imágenes de cafeterías europeas. Los salones amplios, las paredes vestidas de madera, dos o tres personas que buscan un espacio para disfrutar de un café mientras la luz se va metiendo por las rendijas y los minutos se escapan tranquilamente. Un hombre solo toma un café y puede poner en orden sus ideas, recordar su infancia o las ilusiones que se quedaron colgadas, dos mujeres frente a una taza de café pueden descubrirse, encontrar el reflejo femenino que las confronta consigo mismas, reacomodar sus mundos, compartir y compartirse.
¿Vamos a tomar un café? Puede ser la pregunta más esperada por un amante ansioso, el pretexto perfecto para una primera cita, el centro humeante de un negocio importante pero también puede ser el antecedente a una despedida, la solemne bebida de un velorio, el remedio mas aludido para las noches en vela o la evidencia de que me quieres. La pequeña fruta roja, esconde en su semilla el detonante de las pasiones humanas, tostada por el sol o por el fuego nos transmite ese calor interno que nos cobija en las noches de frio, su color nos recuerda la noche y su enigma.
Por eso en la mañana mientras tu lees tu periódico y yo peleo con los botones de la blusa, cuando mi amiga me cuenta del nuevo tapiz de su recámara o cuando me alejo a pensarme, no hay nada mejor para acompañarse que un café, tan amargo y dulce como la vida misma.
JD

sábado, 5 de marzo de 2011

Gato


Antes de las cruces y los círculos lo nuestro era perfecto.
Teníamos acuerdos: fuimos justos en el uso de los columpios, compartimos las galletas y las palitas en el arenero. Pero cuatro líneas entrecruzadas nos hicieron contrincantes. Crayola en mano, frente a frente, mi cruz seguida de su círculo nos descubrió enemigos sobre el tablero de papel compartido. Han pasado treinta años, yo sigo con mi cruz, él con su círculo.
¿Quién dijo que jugar al “gato” es inofensivo?
JD

jueves, 24 de febrero de 2011

Sería bueno...


Seria bueno un día amanecer y no recordarte. No pensar por ejemplo, que haces falta en el café de la mañana. Sería bueno que mi día transcurriera sin buscar tu nombre o que escucharlo me fuese tan trivial como cualquier otro, como el nombre de un desconocido y no como la palabra que me lleva inmediatamente a sensaciones y lugares. Sería bueno andar la tarde sola y encontrarte, decirte: hola y que sonrieras por educación y enamorarme, o conocerte en un bar lleno de humo y lanzarte un ¿Bailamos? y que dijeras que si o tal vez algo más simple, como invitarte un café a la salida de un cine, contarnos las historias, quedar para otro día, pasarnos los teléfonos. Tender una línea de comunicación. Entonces me conocerías ahora, a esta, la de hoy y quizá podrías quererme como soy y no añorar lo que fui. Quizá yo sería mejor para ti y tú mejor para mi, o quizá seriamos algo que no fuimos, algo que no podemos ser. Pero algo mejor para los dos extremos. Y no esta madeja de recuerdos y castillos en el aire que se rompen al mencionarse. Me gustaría encontrarte hoy o mañana, cuando ya he aprendido muchas cosas o al menos algunas que hubieran evitado la catástrofe, quisiera que fueses mi segundo amor (al que se le quiere mejor) y no el primero (al que se le quiere mas), porque entonces todo sería mas fácil. Y yo no andaría como ahora buscando en mi bolsillo dos explicaciones para mi existencia o tratando de sacar las culpas del cajón. Sería bueno amarte con la tranquilidad de mis treinta, abrirte el vagón de mis recuerdos sin que te suenen a pasado, contarte mis aventuras de los veintes y mis travesuras de la infancia. Reconocerme frente a ti Sería bueno chocar en una calle, mirarnos, encontrarnos y dejarnos caer otra vez por vez primera. Yo saltaría al vacio por tu mirada ¿y tu?

JD

jueves, 3 de febrero de 2011

Días



Las sirenas desaparecen.
Me devuelven los jueves que olvidé el año pasado.
Se me esconden los poemas.
A la niña le gustan las estrellas.
Rezo.
He olvidado las banquetas, Horacio me lleva.
Camino y sonreímos.
Aprendo palabras nuevas, pero no escribo.
Ya no hay más alevosías, todo es claro, directo.
Los orgasmos son silenciosos.
A los domingos les caben cien horas.
Ya no hay constantes en mi vida.
Voy al teatro.
Regreso al mar, que no es el mío.
Tejo historias, remiendo heridas.
Bebo vino de tu boca.
Nadie compra carros.
Tengo fuego en las manos.
Nacen flores de las puertas.
Me asusto.
La luz me roba tus miradas.
Confieso mis secretos.
Un niño descubre la espuma del mar.
Leo bajo la luna. (sin ti)
Lila Downs dice “perhaps, perhaps, quizas”
Voy a la laguna y te amo otra vez.
Un perro muere en la avenida.
Tomo agua de coco
Sigo deseándote
Fumo con Borges en la cama
Sigo caminando…


lunes, 24 de enero de 2011

Al Sabit

Finalmente llegó el día o cayó la noche.
Después de horas de trabajo, de reunirme con la tribu a bordar sueños y coser corazones rotos (aún me falla esta puntada pero ya casi), de repetir y repetir los movimientos, llegó la hora de usar el vestuario que me permite ser yo misma, tun tun, tan tan, la música suena, se apaga la luz, mi cuerpo baila. Siento la mirada que se desplaza por mi espalda, el fuego entre mis manos me enciende por dentro, el olor del incienso me lleva lejos. No sé donde estoy, no existo mas allá de esta duela, (del duelo de saberte ausente), no soy nada más que este cuerpo que vibra (bajo sus ojos, que son como dos manos que me alcanzan), no pienso; siento y me deslizo entre siete notas.
JD

jueves, 6 de enero de 2011

2011

Así que de un momento a otro, en lo que uno tarda en tragarse doce uvas, se nos acabó el 2010 y nos llegó un año nuevecito…. Así… sin darnos tiempo de decir adiós, los doce nuevos meses se nos instalaron de frente en un segundo.
Ahora hay que comprarse una agenda nueva (dejar de pensarte), hacer nuevos propósitos, (no nombrarte), planear los periodos vacacionales (re-conocerme), organizar un presupuesto (llenar las gavetas vacías), es decir comenzar otra vez: día uno, día dos, día domingo…
¿Cómo se prepara uno para recibir un año? ¿Cómo me prepara cada noche para un nuevo día?
Todo es circular, llegaremos al final de este 2011, con 365 días más de vida, de experiencia, de sueños perdidos en la almohada, de besos no dados, de abrazos y brazos, de pasos temblorosos, de rondar las horas cada día… (de soñarte alguna noche).
Mi saldo es: cinco despedidas, tres silencios, cuatro encuentros inesperados, el renacimiento de una fuerza que sentía perdida, dos ciudades, una tribu nueva, así que…. venga 2011…. aviéntame todos los días de frente, que estoy dispuesta, estoy lista, estoy… o algo muy parecido…
JD

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Estrellas


Aún en estos días tristes y violentos, cualquiera puede comprarse una estrella. En medio de la plaza un joven lleva atados en las piernas y en los brazos racimos de estrellas rojas, verdes y amarillas. Un muchacho compra una estrellita para su novia que dice “Te quiero” en letras rojas. Ella le regala un beso. El globero guarda los veinticinco pesos en su cartera.
Hoy eso cuestan las estrellas.
Voy a comprarte tres…
JD

Estribo


Karla me ha mandado unos osos. Le gustan porque puede abrazarlos por la noche, porque le significan ternura o un recuerdo de la niñez casi perdida. Yo le platico de Estribo mi oso de peluche, el que me dio mi madre con todo y nombre. Estribo, para subir, para poner los pies en algo firme, para apoyarme y porque no, también para abrazar en la noche. Resulta interesante que aparezca el recuerdo de Estribo justo ahora, cuando yo necesito un impulso, cuando cualquier escalón sería aprovechable, eso incluye abrazar por la noche.


Algunas veces, estos “estribos” no los de peluche, sino los otros, los que nos dan la certeza de pisar en sólido, son lo único que nos mantiene de pie: una promesa, una mano envuelta en la nuestra, un cepillo de dientes, dos tazas de café. Pero cuando perdemos literalmente los “estribos”, los controles, las certezas, es necesario regresar incluso a los osos de peluche, a construir nuevas promesas, volver a subirnos a la vida impulsados por otros ojos, buscar con los dedos de los pies para ver si nos queda algo de raíz.


Para mi, esta noche, todo estriba en los recuerdos, la única certeza posible la tengo en el pasado, (que no existe), quizá mañana pueda amarrarme a una estrella, pero mientras eso sucede abrazaré a Estribo, finalmente para eso me lo dio mi madre.

Gracias Karla, por la imagen y el recuerdo...


JD

martes, 7 de diciembre de 2010

El adiós

El adiós es un hoyo negro, absorbe en su vacio la historia nuestra.

¿Cómo cabrán en cinco letras nuestros 3654 días?

La gravedad oscura se traga las miradas, los orgasmos, los domingos y lunes, el códice que inventamos desaparece y sólo nos queda el silencio.

Que vacio…

Ni un atardecer, ni una llamada, ni nos duele el pasado, ni las infidelidades, ni las pijamas a cuadros, ni una casa.

JD

martes, 23 de noviembre de 2010

Fase Uno


Estamos en el proceso de encontrarnos, en esa fase en la que nos decimos cosas como: “no me gusta mi segundo nombre” , “tengo ganas de aprender a tocar el piano”, “no me gusta ir al cine” , aquí donde vamos a decirnos todo aquello que queremos que el otro conozca, (la verdad ya llegará más tarde), también nos lanzamos miradas y preguntas medio escondidas para saber si ambos estamos en la misma carrera, si estamos buscando lo mismo o son sólo autoengaños. Algunas veces, hacemos los comentarios subversivos del pasado, hemos aprendido por experiencia propia que no debemos hablar del pasado, pero lo hacemos, es inevitable, es la única manera que tenemos de justificar nuestra soledad, finalmente ¿si somos tan perfectos, porque alguien nos dejaría? También compartimos otras cosas: pequeños secretos, aventurillas, anhelos y deseos escondidos u olvidados, anécdotas divertidas, hacemos la promoción de ese “yo” que queremos que el otro descubra. Ponemos las reglas básicas del juego, las más importantes, las inviolables. Después, después vendrán las caricias provocadas, esas que se imaginan tras las frases: “tengo un lunar en la espalda”, “me hice una cicatriz en la rodilla”, “me gustan mis piernas”, vendrán los roces provocados, las miradas sentidas en la espalda…el deseo. Y si todo sale como no lo hemos planeado, un día, a eso de las siete de la tarde, estaremos tan cerca, que nos será inevitable besarnos.
JD

martes, 16 de noviembre de 2010

Festejarnos, dolernos...


Para siempre…. esa fue la premisa…. ¿el resultado? Para siempre, como sea y como seas y como yo sea. Ver a alguien a quien amas con la distancia del pasado es como volver a amarlo, con todos los detalles, con todas las manos, con todas las peleas, con todos los silencios, con todas las despedidas. Como dice Josean “hoy deberíamos dolernos o festejarnos” pero simplemente nos quedó un recorrido en auto, la premura, el beso amistoso de la despedida. Sin extrañarnos más allá de lo políticamente correcto, porque sabemos que “por ahí andamos”, rondándonos, pensándonos, amándonos de alguna manera, de la mejor manera: esa en la que somos constantes, cómplices, comunes. Por eso cuando cerré la puerta del auto no miré atrás, porque iba a encontrarte de alguna manera, en el café que me tomé sola, en los poemas que le leí a la silla vacía, en el silencio que se hizo cuando la radio dijo “que maldigan, si no han probado la noche en sus brazos de sol”.
JD

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Jardines, parques y tú...


He tenido la fortuna de conocer varios pueblos de México, siempre me ha gustado recorrer el jardín principal, rodeado casi inevitablemente de un lugar rico para desayunar, la presidencia municipal y un sitio de taxis. Recuerdo esos pueblos en los que todavía los domingos por la noche las mujeres caminan en un sentido alrededor del jardín y los hombres en sentido contrario, como anticipando el destino con el juego amoroso. En Colima hay muchos jardines, Karina los llama parques y eso fue en un principio la resultante de horas de espera y horas de gasolina gastadas sin sentido. Hoy fui a sentarme a uno de esos parques, el primer lugar que conocí de la ciudad y que me ha marcado con un poco de sentimentalismo. Eran las cuatro de la tarde, la gente regresaba a casa o al trabajo, yo esperaba a Armando, finalmente después de tres citas fallidas esta era la definitiva, así que me senté en una banca frente a una estatua de un señor leyendo el periódico, pensé que debía ser un personaje importante, así que no me atreví a preguntarle a los colimotes quien era, tienen tan arraigado su amor por esta tierra (y con mucha razón) que no podía ofenderlos con mi pregunta fuereña. Aquí las cosas son distintas, la luz se pasea con calma sobre las palmeras, las flores tropicales, los helechos y las enredaderas que a fuerza de intentarlo, han llegado hasta las copas de las parotas, ¡Cuánto verde! Pienso en mi isla, en los azules del mar, los rojos de los cielos, la oscuridad de la noche. Pienso en la soledad, en los amores, en las confesiones, en el minuto de silencio que debí guardar y las palabras que brincaron de mi boca para poder esconderte en mi mirada. Eres como las velas de mi barco, no me sostienes pero guías mi ruta. Y heme aquí esta tarde, leyendo, pensándote y esperando a Armando.

JD

domingo, 7 de noviembre de 2010

A la izquierda


A la muerte siempre la tenemos cerca, como diría Castaneda “La muerte es nuestra eterna compañera” pero desgraciadamente, lo olvidamos, como casi a todo lo que tenemos cerca. Además de que hay tanta violencia, tanta muerte, tanta tristeza en nuestra realidad, que preferimos prender la computadora, abrir el facebook, irnos de parranda, evadirnos, olvidarnos de que el mundo se está cayendo a pedazos y nosotros con él. Eso es aun más triste. Ha muerto un amigo, a todos nos duele, nos lastima, su ausencia, su partida y nos sentimos tristes, ya no lo tenemos, ya no podremos verlo, abrazarlo, reírnos con él. Tengo el corazón apachurrado o el área de mi cerebro en la que se establece el dolor inflamada, pienso en él, en las veces que pude llamarlo, verlo, ahora, es demasiado tarde. Eso me lleva a pensar en todas aquellas personas que he matado y que me han matado a lo largo de sus vidas. ¿Habrá alguna sensación así el día en que nos sea imposible realmente encontrarnos? ¿A cuántas personas hemos dejado en el cajón porque estábamos tan enojados, tan dolidos, tan ocupados y los fuimos dejando ahí, hasta que se murieron? Que idiotas somos de pensarnos eternos. Que grande este amigo mío que con su muerte me hizo recordar que estoy viva. Porque también sucede que, por imposible que parezca, lo olvidamos. Nos vamos llenando de cosas, de compromisos y dejamos que las circunstancias definan nuestras vidas y el día de mañana nos despertamos un día pensando ¿Es esto lo que realmente quería? Yo, de alguna manera intento vivir, con todo y contra todo, me obligo a observar la vida, las caras de la gente, sentir el viento, el sol, hacer lo que me gusta, sentirlo todo, amar, aventarme a mis abismos, dejar ir, ser feliz. Gracias Antonio, por detenerte en mi vida, por los recuerdos, por las risas, por recordarme que aún estoy aquí. Descansa en Paz.
JD

viernes, 5 de noviembre de 2010

El club de Toby


Robert ha traído su libro de poemas de T. S. Eliot, Victor ha traído dos traducciones al español del mismo. Leemos en orden, la versión original, la traducción uno, la traducción dos. Al final nos quedamos en silencio. En trance.

¿Qué más se puede hacer después de escuchar:


Between the desire

And the spasm

Between the potency

And the existence

Between the essence

And the descent

Falls the Shadow
……?


Yo pienso en ti. Irremediablemente. Debimos haberlos leído, aquella noche o la otra. Sigo escuchando la voz de Victor en off, pero mi mente se ha perdido en el tiempo, en la noche calurosa, en el recuerdo. ¿Será que algún día voy a sentarme a leerle esos poemas? Lo mejor de la noche es, que todos nos hemos hipnotizado, la voz de Robert nos ha traído a Eliot en su idioma original, por unos momentos desaparecimos y nos hundimos en el abismo de las palabras, en el ritmo de esta poesía en su lengua natal. Después de un largo silencio, de mi suspiro inevitable, de aterrizar otra vez en este mundo, mis poemas tímidos saltan a la mesa. Debí leerlos antes de evocar a T. S. Eliot, jajajjajaa. Te dejo un regalo:


There will be time, there will be time

To prepare a face to meet the faces that you meet;

There will be time to murder and create,

And time for all the works and days of hands

That lift and drop a question on your plate,

Time for you and time for me,

And time yet for a hundred indecisions,

And for a hundred visions and revisions,

Before the taking of a toast and tea
T. S. Eliot
JD

sábado, 30 de octubre de 2010

Calle...


Ahora con Horacio en el hospital, he tenido la oportunidad de caminar esta ciudad llena de árboles enormes y plantas que se asoman a cualquier provocación. Claro que extraño a Horacio, la comodidad y la rapidez, pero su resfriado (pulmonía) me obliga a recorrer a suela viva las banquetas y es que caminar una calle, conocer la ciudad a pie, es casi tan emocionante como desnudar un hombro, como meter la mano bajo la sábana y hacer contacto con otra piel. Andar en auto nos impide ver la cara de las gentes, los detalles de las casas, las elevaciones que se forman en las banquetas porque a los árboles les vale madre que pongan límites y crecen sus raíces hasta romper el cemento. Esta tarde he seguido a una ardilla de cerca, ella camina como malabarista por la orilla de una barda con mucho cuidado, hace equilibrio con la cola y voltea a todos lados, de repente una lata de coca cola interrumpe su paso, se queda quieta, regresa un poco, se inquieta, no sabe qué hacer, decide bajar, brinca y camina unos cuantos centímetros a mi lado, después trepa otra vez. Odié esa lata de coca cola. En una esquina me topé con un hombre mayor, dormía sentado en una banca de cemento, el olor a mugre, a fétido era casi insoportable, estaba rodeado de botes y bolsas de plástico, ¿dónde está su gente? ¿dónde estamos los humanos?
La vida está ahí, afuera, en la calle, sobre las banquetas, ahí donde he visto chavos bailando, haciendo batucada, ahí donde ayer escuché jazz , ahí donde la loca del pueblo se mecía al ritmo de “I will survive”, ahí donde la ciudad late, vibra, siente, duele.

miércoles, 27 de octubre de 2010

AbraSo


Después de sumar las horas de madrugada en la carretera, después de sumar las monedas para el viaje, después de juntar las respuestas a las preguntas esperadas, después de ver a mi madre esperando despierta a su Mafalda y preguntarnos por nuestras vidas, las comunes y las ajenas, por los amores y las circunstancias, después de llorar y reír como hembras que han luchado con la vida a cuestas. Después del desayuno con Josean en el que nos sobró café y nos faltó plática. Después de llegar al teatro, de los bailarines, de la desesperada búsqueda de camerino y espacio para ensayar, del olor a brea, gomina y maquillaje, aparece ella. María corre como desde otra dimensión y se abraza a mi como buscando refugio. Lloramos.
¿Quién se refugia en quien?
¿Quién es la niña, quien la mujer?
Y nos quedamos así, abrazadas, llorándonos, cada quien por sus cosas, por sus luchas, por sus miedos.
Abrazo, abraso…

Colgadas una de la otra nos convertimos en todas las causas y soluciones que nos atañen, somos una para la otra, por un segundo, el ancla que nos mantiene, la madre lejana, el padre perdido, el amor descalabrado, la ilusión de unos ojos, la amiga que nos duele, la hermana pequeña, la hermana lejana, la vida que late, la soledad que se nos hace evidente. Pero somos también un par de brazos, brazos ajenos a los mios, que en este momento me reciben, me arropan, que no preguntan, que solo me envuelven y reciben a su vez mis brazos, y no hace falta nada más.
Después, después, después vino la llamada, el café, el público, la risa, la placidez, la sonrisa… me quedé con el abrazo, de esa hermana mía mujer convertida, que me sigue desde la distancia con sus convers y su piano, caminando por su vida.
JD

domingo, 24 de octubre de 2010


Te devuelvo tus manos
y libera tus tierras de mis nombres
de nada le sirve al corazón
fragmentos de ti.
Ya después total
si vuelves a tiempo
vuelve toda y total.

FITTE

domingo, 26 de septiembre de 2010

En la doliente soledad del domingo...

Yo no sé cuanto se habrá hablado o escrito sobre el tema, seguramente mucho. Lo que sí sé es que la “soledad” es un sentimiento que nos visita a todos al menos alguna vez. ¿Cómo puede alguien sentirse solo en este mundo en el que ya casi no cabemos? Dice el diccionario que la soledad es “aislamiento o confinamiento, falta de contacto con otras personas”. Entonces, ¿porqué ayer, sentada en el sillón de un bar repleto de gente me sentía tan sola? Me confieso una persona solitaria, incluso por temporadas ermitaña, suelo defender mi espacio vital, mi silencio y mi tiempo como un tesoro, pero pocas veces me siento “sola”. Dicen que la soledad es el “mal de nuestros tiempos” (ahora que vivimos en urbes de millones de personas), dicen que más vale solo que mal acompañado, dicen que solos venimos y solos nos vamos, dicen que… Yo creo que la soledad no tiene nada que ver con quienes nos rodean, creo que tiene que ver con una falta de comunión con la otredad. Muchas veces me he sentido acompañada en la lejanía de quienes se que me aman e infinitamente sola en compañía. Supongo entonces que en ese sentido es más bien una falta de intimidad, una ausencia. Quizá lo de ayer en mi caso fué eso, que entre tanta gente se hizo evidente la ausencia, se materializó y me hizo ver que, aunque llene mis días con otras cosas y otras gentes, existe.

Aquí a tu costado
de lado o mirando al techo
la soledad me aplasta
el vacio me ensordece
y miro mi cuerpo desnudo
que entristece.

JD

jueves, 23 de septiembre de 2010

Uno nunca sabe a dónde rodarán las letras


Alguna vez pegué en la puerta de mi recamara textos y poemas que me gustaban, mis conocimientos de libros y autores eran menores que ahora (que hoy por hoy tampoco son muy amplios) y entre todo eso, pegué unas líneas que mucho tiempo después me enteré que eran de un tipo apellidado Sabines. “Uno nunca sabe a dónde van a rodar las letras”, pienso ahora cuando recuerdo esa anécdota. Seguramente el maestro Sabines nunca se imaginó que sus creaciones literarias estarían pegadas con Resistol en la puerta de una mocosa de trece años. Poco después descubrí que las letras me servían de algo más que no tenía nada que ver con la escuela y empecé a escribir. El punto es, que ahora a lo largo del tiempo no sé donde está todo aquello que he escrito, quizá en alguna carta, en una caja, no lo sé, no me preocupa tampoco. Lo curioso es que, en un reciente encuentro de escritores, un adolescente me pidió una copia de uno de mis escritos, con autógrafo y todo y pienso si esas líneas mías estarán en alguna carta de amor o en el bote de la basura o pegadas en la puerta de su recámara… Ahora escribo por necesidad, es la forma en la que me comunico conmigo misma, es un silencio imperante y adictivo. Por eso agradezco infinitamente a quien comparte conmigo este pedacito de mi, lógicamente lo hacen las personas más inesperadas, los cercanos pocas veces entienden que es en estos espacios donde están las claves para descifrarme, o quizá poco les importa. Es por ello que me sorprendo gratamente cuando alguien de lejos me comenta en el blog, o me hace alguna observación o comentario al aire sobre lo que he escrito, porque sé que hay alguna empatía, “los sentimientos son universales”, dicen… Yo seguiré escribiendo, una vez aquí, esto es un camino sin regreso, no importa si lo que escribo es bueno, no tienen ninguna finalidad ni propósito específico, (quizá mínimamente la intención de no volverme completamente loca). Dejaré entonces que rueden las letras… gracias a los que se asoman por aquí…
JD

lunes, 20 de septiembre de 2010

Yo sólo queria flores...

















“Espero mucho de las personas que amo-demasiado quizás-
Espero y hasta pido. Pero no sé exigir” S.B.
Es una pena que uno no pueda querer a la gente como quiere que la quieran y que la gente no pueda querernos como nosotros queremos que nos quieran. (Yo sólo quería flores). En esto del amor la complicación nace de qué todos tenemos expectativas, ya no se diga altas o estándar, sino expectativas propias, subjetivas, personales. Entonces mi cabeza piensa que: si tú me quieres…. entonces….y si yo te quiero…. entonces…. Y lo que pasa es que nunca nos ponemos de acuerdo.

Alguna vez dije “No crear expectativas, vivir el momento” consecuencia directa: censura.

Sin embargo ¿Qué otra cosa hacemos que no sea eso? Ahí vamos por la vida enamorando y enamorándonos, amando y desamando sin pensar, sin detenernos, rompemos corazones y nos rompemos el alma, sentimos… nos es inevitable. Yo quiero de una forma errática, lo quiero todo y hay quien dice que “no tengo límites”, quiero con todas mis fuerzas, con todas mis ganas, con todo lo que tengo y todo lo que soy. No puedo tenerlo todo, aunque lo quiera, lo sé, pero eso no hace que no lo quiera. Lo sigo intentando. (Yo sólo quería flores). Soy una suicida amorosa, voy, vengo, me aviento sin paracaídas y sin casco. Pero siempre trato de ser lo más clara posible. Establezco el espacio en el que puedo moverme y no prometo mucho. Tampoco espero mucho, soy consciente de la naturaleza cambiante de los seres humanos, de los arrebatos y las bruscas modificaciones de las distintas realidades. Pero eso no es suficiente. Desgraciadamente hemos aprendido que el amor implica posesión. El ego nos hace querer ser prioritarios del otro, porque además pensamos que: “si nos ama debemos serlo”. Amar libremente, sin tapujos, sin condiciones, sin límites, sin encadenar ni encadenarse, supongo que es privilegio de pocas personas y de muchas neuronas. Finalmente el corazón es sólo un músculo. Todo está en la mente. El amor rosa, el deseo, el enamoramiento, es otra cosa, “vericuetos químicos” (deliciosos).
…Yo sólo quería flores, un café, una tarde haciendo nada, un orgasmo compartido, un silencio respetuoso, una admiración mutua, un momento presente, un querer estar más allá de la historia… “vayamos al balcón a ver llover”...
JD

martes, 14 de septiembre de 2010

Para leer a Josean


Hace días que el enojo me tiene atrapada, no he encontrado el tiempo para leer como acostumbro, el cansancio me vence, todos los días observo mis libros como se observa al amante inalcanzable. Mi lista de “libros que quiero leer” aumenta, los artículos y sitios de internet en mi lista de favoritos cada día se hace más larga. Una cuartilla, un poema al día al menos: me digo como autoperdonándome. Pero, para leer a Josean, eso no es suficiente…


Hace algunos meses tuve la fortuna de ver brillar en mi msn una ventanita que decía JOSEAN, detrás del parpadeo naranja se encontraba un hombre lleno de texturas, colores y voces. Hablamos por horas, después fuimos al cine, tomamos café, fuimos a los bares, al cine, compartimos libros, secretos y anhelos. Nos hicimos amigos.

“Es importante saber a quien tiene uno enfrente”, me dijo un día.

Hoy a la distancia, leerlo, no es sólo un acto de amistad, de encontrarme con él como sentada frente a su taza de té color rojizo, es también una provocación, una introspección, un descubrirle y descubrirme entre sus letras. Irreverente, irónico, crítico. Lector empedernido y escritor sin pelos en la tinta, que no tiene empacho en usar las palabras: “coger, semen, vagina, calentura” en sus textos y poemas. Pero que tampoco tiene miedo de escribirse vulnerable, solo, enamorado, reconstruyéndose. Leerlo requiere toda la atención emocional que uno pueda tener, un desnudarse para encontrarse entre sus líneas.

Es por eso que esta tarde, compré café, una cajetilla de cigarros y me dispuse a leerle, gracias Josean, por tus letras, por ser mi amigo, por estar…


JD

viernes, 10 de septiembre de 2010

Estacional

El árbol de tu ausencia
ha comenzado a florecer:
es la primavera.
Hojas silenciosas
se mecen bajo el sol
frutos de vacío cuelgan de mis ramas
hay flores de abandono
rebozándome la piel.

La mejor edad


Recibí tres regalos. Uno por cada década, supongo. Los tres significativos y únicos. Escuché mi canción favorita en vivo, cuatro de mis personas importantes me llamaron para decirme que es bueno que siga en este planeta y eso es bueno, supongo. La verdad es que yo moría por llegar a los treinta, en realidad no hay una explicación lógica, pero creo que es la mejor edad de las mujeres (dicen que debo esperar a los cuarenta para hacer esa afirmación, o como dice Jerus que hasta que entienda porque las salchichas vienen en paquetes de 10 y las medias noches en paquetes de 8 no puedo entender la vida), a mí el número treinta me gusta, muchas mujeres que han marcado mi vida han estado justo en sus treinta cuando yo las conocí. Quizá esta fascinación por los treintas sean las ganas de marcar la vida de alguien. En realidad creo que hoy puedo decir que he vivido lo suficiente como para entender que esta es una ruleta que sigue y sigue sin importar si le atinaste al premio mayor, que a veces el premio mayor no lo es tanto y que ya me he equivocado lo suficiente como para seguir equivocándome sin sentir que se me abre el piso en el que camino. Hoy ya no quiero ir a Cuba a buscarme marido, como alguna vez dijimos Liliana y yo que lo haríamos justo al cumplir treinta si no nos flechaba Cupido antes, tampoco necesito que me quieran para querer con cada una de mis células, he sobrevivido al amor, a la ausencia y a la pasión. Hoy puedo entender que luchar con todas mis fuerzas puede no ser suficiente y aún así seguir en la batalla, se que el tiempo es lo más valioso que tengo, que las personas cambiamos y que esa es precisamente nuestra maravilla. Hoy tengo el valor de decidir, de elegir, de ser y de seguir… Así que… bienvenidos sean los treintas. “Los fabulosos treintas” me dijo mi madre al teléfono justo a las 11:45 de la noche. La hora exacta de mi nacimiento.
JD