domingo, 19 de febrero de 2017

De las trivialidades...



Estoy leyendo un libro, que habla de un hombre, de un pozo seco, de una guerra, de una adolescente que no quiere ir a la escuela, de llamadas eróticas y anónimas, de un gato perdido, de una infidelidad, de un viejo que regala cajas vacías… en todo me encuentro, en todo me busco…. 
Soy un poco de todo eso, revuelto y expuesto, en cada línea subrayada va un poco de mi reflejo. En definitiva el libro no es el libro, sino lo que encuentras en él. Estoy siguiendo con mis ojos las grandes trivialidades diarias de este hombre, hacer té, contestar una llamada, decir  “buenos días”, esas que le construyen un día, una vida, un destino. 
Me pregunto que encontraría alguien si siguiera mis días, mi andar por la cocina sin zapatos, mi subir y bajar por los elevadores, mi cantar en el auto a todo volumen atascada en el tráfico, mis noches de vino, incienso y lectura. Pero más que eso, ¿que encontraría alguien si me leyera desde adentro?, si alguien pudiera seguir las ideas que desfilan por mi cabeza,  conocer el origen de mis respuestas sensoriales, entender el trasfondo de mis palabras, atestiguar mis pasiones. ¿Sería interesante o sumamente aburrido? ¿Se vería ese alguien reflejado un poco en mí?  
 Puede ser que Samir, mi perro, tenga una visión canina de eso y quizá por eso,  me abraza…

JD

lunes, 6 de febrero de 2017

En la saliva





En la saliva
en el papel

en el eclipse

En todas las líneas

En todos los coloresEn todas las jarras
En mi pecho

por fuera, por dentro

en el tintero, en la dificultad de escribir

En la montaña de mis ojos

en las últimas lunas del sol ( pero el sol no tiene lunas)

en todo, y decir todo es estupido y maginifico DIEGO

en mi orina Diego

en mi boca

en mi corazón

en mi locura,
en mi sueño

en el papel secante

en la punta de la pluma,
en los lapices de colores

en los paisajes

en la comida

en el metal

en la imaginación

en las enfermedades

en las vitrinas, en sus mañas, en sus ojos

en su boca en sus mentiras DIEGO





Frida Kahlo

Febrero... Proyecto Epistolar





El café sabe distinto si la ciudad duerme y tu estas a mi lado. Te pensé mucho durante el vuelo, el cielo parecía un sembradío de nubes, ¿será la cosecha una flor húmeda y transparente como tus ojos?
Este insomnio me va a matar.


JD

miércoles, 18 de enero de 2017

Lo más honesto








Alguien me dijo alguna vez, que si quería escribir, el único requisito era ser honesta. He pensado infinidad de veces en esa frase, en esa “condición”. Y a la única conclusión a la que he llegado es que no es sencillo. Además del consabido reto que es para muchos enfrentarnos a una hoja (pantalla) en blanco, están las otras voces; nunca falta el amante en turno que cuestiona tus relatos, que se niega a leer tus poemas pasados porque asume que hablan de otro, de otra, o aquellos que piensan que las aventuras en tus cuentos, reflejan tus más calladas fantasías o que incluso las escenas de tu novela, son la proyección o narración de tus aventuras. Algunos incluso cuestionan el nombre de tus personajes. 

Detrás de eso está lo realmente difícil: ser honesto contigo, ponerle letras a lo que se trama en tu cabeza, llamarle vagina a la vagina, dolor al dolor, violencia a la violencia. Asumir que, si hablas de una familia, la tuya se te vendrá encima, si escribes sobre la soledad te dirán pesimista y si se te ocurre hablar de orgasmos seguro es, que has visitado muchas pieles. “Como si eso realmente fuese importante”. Habría que pensar, si ese es el tono, en todos aquellos escritores encarcelados o muertos, por su atrevimiento a expresarse.

En realidad, la honestidad a la que se refería mi amigo, (opuesta totalmente a la definición de Cicerón) es al acto de decir las cosas como las sientes, de no pensar mucho en las consecuencias, la congruencia, la veracidad, sino en la habilidad de sacarle a las palabras la capacidad de transmitir y reflejar; ideas, emociones e historias, en lograr como dijo Octavio Paz  refiriéndose a las palabras: “que chillen las putas”. Lo cual no es, tampoco, nada sencillo. Describir un amor, sin recurrir al cansado corazón palpitante o a una muerte como al silencio eterno, no es fácil. Además, ¿qué se puede escribir que no se haya escrito ya? ¿sobre qué? Somos tan elementales que nos movemos incansablemente en el mismo y repetitivo plano de emociones y vivencias. La magia y el reto, para el escritor es, que lo hacemos desde nuestra “persona”, con ojos únicos (no propios), y con palabras repetidas y gastadas, hay que atreverse a escribir.

No es fácil ser escritor en este mundo de apegos, de estructuras establecidas, de blancos o negros, de asumidas expectativas… y aun así, hoy lo entiendo, es lo más honesto…

JD